«Rufián debería ser sancionado por su mezcla de sexismo y chulería»

España (abc)

Protagonista involuntaria del último «show» de Gabriel Rufián, la diputada del PP Beatriz Escudero agradece la ola de solidaridad recibida tras sentirse «humillada» por el parlamentario de ERC, aunque lamenta la falta total de empatía de la izquierda. «Parece que las mujeres del PP lo somos menos», afirma, convencida de que el feminismo trata con más dureza a las políticas de la derecha. «Si un diputado del PP guiña el ojo a una de Podemos o del PSOE tenemos piquetes en frente del Congreso y con su nombre en una pancarta boca abajo para que se le conozca», opina. Vicepresidenta de la comisión de investigación sobre las finanzas del PP, Escudero abandonó la Mesa durante la sesión del martes después de que Rufián le llamó «palmera» de Francisco Álvarez-Cascos, quien comparecía ese día en el Congreso. El díscolo diputado de ERC le hizo un gesto inapropiado, ante el que estalló: «¡Que no me guiñes el ojo, imbécil!», espetó ella. La diputada popular buscó sin éxito el amparo del presidente de la Mesa, el canario Pedro Quevedo, quien llegó a reírse ante el último numerito de Rufián, mientras le reprendía por alterar la sesión. El político independentista catalán retiró la alusión de «palmera», pero no se arrepintió de la mueca, que incluso negó luego. Escudero considera considera la actitud de Rufián una «mezcla de sexismo y chulería» por la que opina que debería ser sancionado. «Estos solo responden si se les toca el dinero», argumenta. El grupo parlamentario del PP registrará una queja formal ante la presidenta de la Cámara, Ana Pastor, contra Rufián, a quien ya ha tenido que llamar a consultas en su despacho por sus constantes provocaciones en el hemiciclo. Uno de sus últimos choques fue con Noelia Vera, diputada de Podemos que precisamente estaba presente durante el incidente del martes. Escudero le pidió que reaccionara, pero Vera, que en su día denunció el «paternalismo» y la «condescendencia» con la que el diputado de ERC se dirigió a ella, se desentendió y le contestó: «No le permito que me meta usted a mí...» El teléfono y correo electrónico de Escudero se llenaron ayer de mensajes de apoyo de compañeros de partido, de ciudadanos anónimos y de periodistas. «Me han transmitido su ánimo el personal de la Casa, políticas nacionales, señoras de la limpieza...», relata. Mientras habla con ABC de su incidente con Rufián, relata cómo un diputado del PNV, Mikel Legarda, le muestra «el dedo pulgar hacia arriba» en señal de apoyo. Patricia Reyes, diputada de Ciudadanos, y Ana Oramas, portavoz de Coalición Canaria, sí le expresaron su apoyo en público tras el incidente con Rufián. Pero hasta ayer no tuvo noticias del PSOE o de Podemos. Reconoce que le da «rabia» haber «caído en la provocación» de Rufián porque se dio imagen de taberna desde el Parlamento. Pero el insulto le salió del alma y evidenció un hastío. «Nos han llamado de todo en esa comisión: corruptos, asesinos, caciques... El ambiente contra el PP es muy duro y aguantamos mucha presión. Pero Rufián me faltó al respeto personal. Tengo 54 años y no se lo aguanto a nadie, tampoco en el bar. Fue una reacción espontánea ante un tipo chulesco y perdonavidas».

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