Parte de guerra en el PP

España (abc)

La creciente tensión interna en el PP está alejando definitivamente la alternativa de llegar al congreso con una lista única pactada y la celebración de un cara a cara público entre Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. En cualquier caso, el debate público existe, y no solo por dirimir el liderazgo, sino por orientar ideológicamente los principios del partido. La sucesión de Mariano Rajoy no es un mero proceso de legítimas ambiciones entre aspirantes en torno a un mismo proyecto porque Sáenz de Santamaría y Casado encarnan proyectos políticos discrepantes en la forma y en el fondo. Y eso ha terminado por encrespar los ánimos internos, al punto de que en ámbitos de un PP atónito está irritando que Sáenz de Santamaría reproche a Casado su falta de experiencia y el retorno al «PP de los noventa» como una emulación de José María Aznar, y que Casado cuestione la actuación del Gobierno de Rajoy. Todo el PP creía en una sucesión pactada con Núñez Feijóo. No es ninguna novedad. Pero al frustrarse el proceso sucesorio se les ha ido de las manos. Contar y recontar compromisarios se ha convertido en el deporte nacional. Por eso conviene desmitificar la idea de que los compromisarios designados por comunidades autónomas votarán en bloque en función de criterios de disciplina e influencia del «aparato». Si eso fuera así, Sáenz de Santamaría tendría asegurado de antemano el 40 por ciento de los votos solo con Andalucía, Comunidad Valenciana y Castilla y León. Si a ello uniera el 7% que representan Extremadura, Cantabria y el País Vasco, prácticamente tendría garantizada su elección. Sin embargo, las quinielas ya fallaron estrepitosamente en otros partidos, especialmente en el PSOE, con muchos antecedentes de triunfos de aspirantes «contra el aparato». En el PP el filtro definitivo pasa por Galicia, que dispone del 11% del peso del voto total y 279 delegados, todos ellos esperando una palabra de Núñez Feijóo. De hecho, en Galicia no ocurre lo mismo que en otras comunidades, donde el voto del compromisario parece estar más dividido. Cospedal -hoy aliada de Casado por la extinción de opciones propias- se atribuye cerca de 1.200 delegados asegurados. Pablo Casado habla de un cómputo garantizado de 2.000. Y Sáenz de Santamaría contempla un triunfo más que holgado. Es hoy una guerra psicológica sin cuartel en la que las presiones del «aparato» puedan llegar a ser contraproducentes. Casado no lo tiene fácil, pero Sáenz de Santamaría no lo tiene asegurado. Es prematuro hablar de bajas, pero el parte de guerra será alarmante.

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