Milagro de Godín y el VAR

Últimas noticias | Diario AS Patricia Cazón

Imposible no emocionarse. Media hora llevaba Godín arrastrando una pierna sobre la hierba, con dolor, cojo, pero ahí, tiraba el brazalete, el orgullo, la sangre charrúa. Se había cambiado el sitio con Thomas para quedarse arriba, como el delantero centro que fue, buscando meter la cabeza en uno de esos balones colgado y que el gooool tapara el mordisco en el muslo. El Athletic se había puesto dos veces ya por delante y las dos el Atlético lo había empatado. Era el minuto 92’: Thomas botaba una falta y ahí asomaría El Faraón, un futbolista de los que anteponen los colores al dolor. Cuando se rompió, media hora antes, ya no había cambios, no podía irse, dejar a su equipo con diez. Su gol fue de heróico y fútbol de antes. El Atlético ganó con el gol del cojo. Como aquella vez de Arteche, como la de Aparicio, pero con toque de siglo XXI: consentimiento de VAR.

Había regresado el uruguayo al once junto a Costa y el Atlético comenzó la noche como si la del Dortmund aún no se hubiese acabado. Mandaba, dominaba, encerraba al Athletic en su área desde que el árbitro diera por comenzada la noche, con su silbato.

Pero Berizzo tenía un truco, sus tres centrales, criptonita del Cholo, ce-men-to. A partir del minuto 10 surtió efecto. El Athletic sacó sus uñas aunque las tengas limadas. Trataba de tener el balón sobre el buen pie de Beñat y Williams pegado a Montero, pero fueron minutos con más coraje que peligro real. Rodrigo y Thomas impusieron su fortaleza física, Simeone su táctica. Ante un Athletic que apretaba líneas y cerraba espacios, Correa dejaba fogonazos como un sombrero de tacón a Balenziaga. Estaba solo. Quizá porque Grizi tenía pase pero no acierto, quizá porque Costa ya no es Costa. Parece manso y eso no pega con el rock and roll. El caso fue que el Athletic de pronto tuvo una y con una le bastó. 

Envió un balón en largo De Marcos para que corriera Susaeta, que llegó al vértice del área y alzó la cabeza: ahí venía San José, ahí cedió. Éste pateó el balón directo a la escuadra, y Oblak se estiró, paró, pero el rechace por dos veces botó sobre la línea para que Williams metiera el pie. Gol. 0-1. Berizzo inspiraba fuerte. Qué bocanada de aire entre tantas dudas.

El Atlético volvió de la caseta fue Costa. Sobre la hierba Vitolo: salió con ganas, lleva un año forrándose las piernas con ellas. Como en diez minutos nada cambió, Simeone se sacó a otro conejo del banquillo: Gelson. Entraba por Montero. El Atleti se lanzaba sin red a por Herrerín. La respuesta del Athletic fue un remate a bocajarro de Williams que atraparon los guantes de Oblak mientras la grada tragaba saliva. 

Entonces se oyó un grito. Era de Thomas y su pierna kalashnikov, la derecha, que envió el balón a la red de Herrerín, fuerte y ajustado buscando la escuadra, para encontrar el empate. Williams lo acalló pronto. Al minuto, en cuanto Simeone agotaba todos sus cambios, que acababa de salir Kalinic por Correa, a lo pirata y al ataqueeee, Muiniain lanzaba un balón en profundidad a Williams, que corrió y corrió: toda la hierba del Metropolitano a sus pies. Y Godín trata de frenarle pero no llega, no alcanza, y Williams era Bolt. Y esta vez, como la otra vez, en el 1-0, ante Oblak no falló.

Su equipo en ese momento era un frankenstein, al menos al ojo: nada estaba donde debía. Nada estaba en su sitio. O parecía estarlo. Saúl en el centro de la defensa, Godín en el área. Cojeaba, cojeaba mucho, y el Atleti ya no tenía cambios. Mejor eso que abandonar. Un charrúa nunca lo hace, abandonar a su equipo, jamás. Pero el gol lo encontró Rodrigo, lleva el 14 a la espalda, sabe de orgullo, de tirar de escudo. En un córner que lanzó Thomas se anticipó a toda la defensa y cabeceó a la red. Simeone celebraba brazo al aire mientras miraba a ese Godín y Vitolo, echándose al equipo a la espalda. Y amenazaba al Athletic con Thomas, con Gelson, córner a córner, con Godín sin una pierna pero toda su entrega. Porque entonces llegó. esa falta en la frontal de Unai Gómez a Godín. Thomas levantó la cabeza, asistía Griezmann de escorzo, Raúl García, que hacía nada acababa de entrar, rompía el fuera de juego y Godín marcaba de cabeza, como tantas otras veces. Hubo suspense de VAR, que el asistente dio primero fuera de juego y después el colegiado, pinganillo mediante, rectificó. El gol de Godín al final valió. Su piel quedaba en la hierba. Pocas veces tendrá el Metropolitano abono mejor.

 

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