Las mafias salen de pesca en el Ebro: toneladas de peces para el mercado negro internacional

España (abc)

Actúan en grupos organizados, a menudo con estructuras mafiosas y con una cuidada logística de alcance internacional para mover su mercancía ilícita, la pesca furtiva. Así funcionan las bandas que, desde hace años, han proliferado en el Ebro, en la provincia de Zaragoza. La Guardia Civil intenta estrechar el cerco contra ellos. Aunque abundan las detenciones, esta actividad delictiva sigue presente. Desde el pasado julio, en solo cinco meses, en la provincia de Zaragoza han sido imputadas una veintena de personas por estos delitos y se han intervenido cinco toneladas de carpas y siluros. La presencia de estas mafias se hizo especialmente intensa hace algo más de cinco años. El escenario preferido era el embalse de Mequinenza, la gran presa conocida como Mar de Aragón. Su enorme extensión –una línea de ribera de 500 kilómetros- facilitaba la pesca furtiva en gran escala. Las bandas actúan por la noche, buscan zonas de muy difícil acceso y con cobertura para eludir a las fuerzas de seguridad. Era su modus operandi. En 2014, la Guardia Civil desplegó operativos especiales para perseguir a estos grupos organizados, y dieron resultado. Crecieron las denuncias, las detenciones y el desmantelamiento de grupos organizados. Pero las bandas se reproducen con rapidez y, cuatro años después, siguen constituyendo un problema delictivo considerable, con las aguas del Ebro como campo de operaciones y sus peces como mercancía de tráfico ilegal. El modus operandi suele repetirse: realizan la pesca furtiva por la noche, despliegan gran cantidad de redes y artes ilegales, en cuestión de horas llevan a cabo grandes capturas indiscriminadas de pescado, las trasladan rápidamente a lugares seguros y las preparan con celeridad para ponerlas en circulación. El destino preferente es el extranjero, en particular Rumanía. De ahí que, cuando se producen detenciones, suelan estar implicados ciudadanos de esa nacionalidad. El transporte de esos cargamentos –indican fuentes de la Guardia Civil- lo realizan también con medidas de seguridad para eludir a las fuerzas de seguridad si se sienten perseguidos o en riesgo de ser detectados. «Todo esto mueve muchísima gente y muchísimo dinero», explicó a ABC un oficial de la Guardia Civil que ha coordinado operaciones contra estas mafias. Insiste en que es un mercado ilícito a gran escala, que tiene un mercado importante en el extranjero, en especial en Rumanía. En España estas especies de pescado de agua dulce son poco apreciadas, pero sí lo son en ese país de la Europa del Este. Y este tráfico ilegal genera un flujo de capitales elevado. Pese a la desarticulación de grupos y la imputación de individuos dedicado a estas prácticas, el problema sigue estando presente. En los últimos días, la Guardia Civil acaba de desarticular otra banda integrada por cuatro hombres y una mujer, todos de nacionalidad rumana, que tenían una extensa estructura para la comercialización de pescado procedente de capturas furtivas. Se les han intervenido en Zaragoza más de 800 kilos de carpas y siluros, un cargamento que ha sido destruido porque no era apto para el consumo. Ese es otro problema añadido, el del riesgo sanitario que supone la captura y manipulación de estos cargamentos sin garantizar las normas sanitarias. En solo cinco meses, desde el pasado julio, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil ha detenido e imputado a un total de 19 individuos implicados en estas prácticas delictivas de pesca masiva y comercio ilegal. En estos cinco meses se han intervenido un total de 5.059 kilos de carpas y siluros.
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