Las facturas del pasado

Portada de EL PAÍS Carlos Boyero

El cine del director iraní Asghar Farhadi no ha precisado apuntarse a modas vacuas y efímeras, como la jocosa consideración por parte de la crítica de que casi todo lo que se filmaba en ese país había sido bendecido por los dioses, que sus creadores permanecían en estado de gracia y representaban la gran esperanza para la supervivencia del gran cine. La personalidad que desprende la obra de este poderoso, complejo y auténtico creador va por libre, sería reconocible en cualquier lugar, habla del anverso y el reverso de los seres humanos, de los vaivenes y las simas de su conducta en función de las circunstancias, de algo obsesionante y condicionante llamado pasado y la inaplazable factura que exigirá, de que todo dios alberga al mismo tiempo zonas de luz y de sombra. Es atractivo e hipnótico todo lo que lleva su firma pero tocó el cielo en una obra maestra titulada Nader y Simin, una separación. Constaten esa evidencia. Escuchándola en farsi, por supuesto, sin esa barbaridad de doblar una obra de arte.

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