La media veda arranca de forma desigual y con la esperanza de olvidar el «desastre» de 2017

España (abc)

Licencias en vigor, escopetas preparadas, munición lista y perros a punto. Así están los cazadores de Castilla y León, que descuentan los días, horas, minutos y casi segundos para que el próximo miércoles, día 15, arranque la media veda y puedan salir al campo a dar los primeros tiros e intentar cobrarse piezas con las que dar por inaugurada la temporada de caza. Y lo hacen con muchas ganas y el deseo de quitarse el «mono» de la anterior campaña, en la que los perniciosos efectos de la sequía sobre el campo también tuvieron negativas consecuencias para la actividad cinegética. Fue «mala, un desastre», recuerda Santiago Iturmendi, presidente de la Federación de Caza de Castilla y León, quien confía en que esta campaña sirva a los aficionados para sacarse la espinita clavada. La actividad cinegética «está muy ligada a la pluviometría», de modo que los años que «llueve mucho, aumentan las capturas», explica. Por eso tienen esperanzas, aunque advierte de que, en una región tan grande y diversa como Castilla y León, con más de 94.000 kilómetros cuadrados de extensión, se dan diferencias. Tanto que, llegado el ansiado 15 de agosto, en zonas «más frescas» del norte de la Comunidad aún no se ha cosechado el cereal, por lo que desde la Federación «ya hemos recomendado que retrasen la apertura» de la media veda en esos lugares, algo que habían pedido también desde las organizaciones agrarias. «Utópico» al sur y oeste «Que apliquen criterios de sentido común», señala Iturmedi. A lo que también apela en la zona norte tras detectarse una «presencia inusual» de pollos de codorniz a finales de julio. De ahí su «llamamiento» a la «caza racional», para que las capturas sean de ejemplares «ya hechos» y no pequeños, pues esta especie puede ganar hasta 30 gramos en una semana. Además, también se pueden poner en el punto de mira -hasta el 16 de septiembre y durante 20 jornadas hábiles- la tórtola común, la paloma torcaz, paloma bravía, la urraca, la corneja y el zorro, junto con el conejo en ciertos cotos, para el que se ha establecido una flexibilización de su caza debido a la «sobreabundancia» detectada en diversos puntos de Castilla y León. Con más ilusión y esperanza que hace un año, el presidente de la Federación regional de Caza augura que hay zonas «donde se podrá cazar el cupo con facilidad» y hacer «buenas perchas», por ejemplo en Burgos, Soria y el norte de León y Palencia; pero otras, sobre todo en la zona más oeste y sur de Castilla y León, donde ya resulta «utópico». Aún así, «comparada» con el año pasado, la media veda se presenta «bien», con expectativas de cerrar ahora una campaña «medio buena» en la codorniz y la esperanza de que cuando comience la temporada de caza menor el 28 de octubre, la perdiz, la otra gran reina entre los aficionados, también deje buenas sensaciones. Un aliciente para «levantar la moral del colectivo», señala Iturmedi, quien critica el «acoso» que sufren desde ciertos colectivos, sobre todo ecologistas, pese a que, defiende, es una actividad «absolutamente necesaria para el equilibrio de los ecosistemas». «Nos va minando la moral» y se «va perdiendo la ilusión ante tanta visceralidad» con la que se «ataca» esta práctica, especialmente bajo el amparo del anonimato que brindan las redes sociales, clama. «No pueden ser un pozo donde todo valga», advierte el presidente de la Federación de Caza de Castilla y León, quien reclama «medidas urgentes» y una «modificación de la legislación» para evitar la impunidad, pues «no se puede seguir así». Reconoce que están «preocupados», pero también «con un poquito de ilusión» de conseguir transmitir a los jóvenes qué es la naturaleza, que poco tiene que ver «con la cultura de Bambi alejada de la realidad que venden algunos sectores». Más licencias En el plato de los positivo en la balanza, que «nos ha sorprendido» que desde que es obligatorio superar un examen para obtener la licencia de caza, se presenta «bastante más gente de la que pensábamos. Incluso, «ha dejado de caer» la cifra de permisos. Cierto es que lejos quedan las cifras de años atrás, pero de 2016 a 2017, aumentó, sobrepasándose las 92.400. Un importante número de aficionados a la actividad cinegética, un sector que en España moviliza anualmente cerca de 6.500 millones de euros y, en Castilla y León, se calcula que en torno a los 800 millones. «Una cifra muy importante», resalta Santiago Iturmedi, quien pone el acento en que, además, «se mueve fundamentalmente en el mundo rural». «Somos compañeros de viaje del mundo rural», subraya, pensando ya en echarse a patear el campo y cobrarse las primeras piezas de una media veda que los cazadores de la Comunidad afrontan con ilusión, tras el varapalo del «desastre» de 2017.
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