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Primera parte del Rayo Vallecano 2–2 Celta:

Previa del Rayo Vallecano – Celta: jornada 19 LaLiga Santander

Rayo Vallecano

En Vallecas los milagros se cumplen. No son milagros religiosos. Aquí la divinidad no tiene nada que ver. Son milagros esféricos. De esos que se cumplen con un balón. Míchel es el mesías de esta forma de fe basada, no en lo invisible, sino en el esfuerzo y dedicación. En el día a día. En el trabajo. Sólo así se explica que lo que hace no mucho parecía un equipo desahuciado sea ahora un equipo en trayectoria ascendente, capaz de lo mejor, repelente de lo peor.

Así camina el Rayo en este recién inaugurado 2019. Pasea sobre las aguas de las dudas. Nada le afecta. Nada le hunde. Se demostró en Valladolid, donde ganó gracias a un gol en el primer minuto y un penalti parado por Dimitrievski al final. Quien lo diría. Antes, a mitad del otoño, ese tanto inicial se habría ido fuera y el penalti quizá hubiera supuesto una derrota. Pero la confianza de los de la Franja parece infinita. Aferrados a su nuevo sistema de tres centrales, los resultados están llegando.

Dos victorias consecutivas dejan la salida del pozo a golpe de un solo triunfo siempre y cuando el Athletic no venciese. El rival, equipo metido en la lucha por la salvación, anima al optimismo. Las últimas cuatro visitas del Celta terminaron en victoria local. Vuelve, por cierto, Fran Beltrán, que en verano marchó a Vigo previo pago de la cláusula. Su bienvenida será caliente. Como el partido que espera Vallecas. Tierra de milagros y no precisamente religiosos, sino esféricos.

As a seguir: Dimitrevski. El portero macedonio se ha consolidado en la meta franjirroja. Lo ha hecho por méritos propios. Dejó atrás a Alberto y ahora parece inamovible. Actuaciones como la del pasado domingo, paradón de penalti incluido, demuestran que Míchel hizo bien en el relevo. Ahora es puntal de un equipo que sueña anclado a sus intervenciones casi siempre trascendentes.

Celta

Al Celta le ha sentado mal el cambio de año. Su primer duelo de este 2019 terminó en derrota y algo más. Cardoso acabó enfadado, muy enfadado. Lo ha reconocido él mismo en sala de prensa. No sólo por caer (que también) sino por cómo fue la derrota contra el Athletic. Dice el portugués que los suyos no hicieron las cosas como le habían pedido. Para colmo, hubo algún cambio como el de Pione Sisto que, lejos de mejorar el panorama, lo empeoró. El danés salió apático, así que su entrenador también le dio un tirón de orejas.

No. No ha sido el mejor arranque de año. Tampoco será la visita a Vallecas el mejor partido para Fran Beltrán. El chaval (apenas 19 años) dejó el Rayo este verano después de que el Celta pagase su cláusula. Eso le colgó el cartel de traidor por Madrid y, de paso, encendió una guerra soterrada y pública entre ambas directivas. Los titulares gruesos entre unos y otros volaron entre Vigo y la capital. Fue un asunto feo que Cardoso espera que no afecte al chico. Será difícil. Esos temas siempre calan.

Y entre tanto, el Celta que viaja a Vallecas sintiendo el calor del infierno por el retrovisor. Sus 21 puntos solo le aleja en cinco de los que tiene su rival de esta noche. Es distancia escasa que, de mediar triunfo madrileño, dejaría al equipo de Cardoso al borde de la crisis y con las alarmas de nuevo berreando a todo trapo. Sería el adiós a la buena racha con la que se cerró 2018 y, de paso, sumaría la tercera derrota consecutiva de un equipo que acumula dos tropiezos continuados. De ahí que lo de hoy no sea un partido más. Tiene tintes de final. Final adelantada, liguera y de baja intensidad, sí, pero final en todo caso.

As a seguir: Fran Beltrán. El mediocampista regresa a Vallecas, dónde se crio antes de que el Celta abonase los ocho millones de euros que figuran en su cláusula. Ahora regresa a casa. Sí, a casa. “Soy más del Rayo que alguno de los que me critican”, dijo esta semana el jugador, que siente en Vallecas su hogar. Por mucho que esta noche sea lo más parecido a lo contrario. Al infierno. A la casa del enemigo.

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