El secuestro y muerte de un empresario vale diez años de prisión

España (abc)

Cuando la Guardia Civil detuvo a Óscar del Pino y a sus tres colaboradores directos el 14 de octubre de 2015 estaban planeando secuestrar, matar y descuartizar a otras víctimas. Lo sabían porque les habían colocado micros en el coche por orden judicial. Ya habían elegido a un empresario madrileño, un expiloto, al que vigilaron y siguieron. El ultrasur Del Pino le decía a su colega Mario Belvis en una de esas grabaciones que le darían un golpe, lo meterían en una furgoneta, lo llevarían a una casa aislada y desde allí pedirían un rescate. Después «lo asesinaremos, descuartizaremos y haremos desaparecer los restos disolviéndolos con ácido sulfúrico en una bañera o enterrándolos en sosa cáustica». Los agentes de la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la UCO que los buscaban desde el 7 de mayo del año anterior por el secuestro del empresario José Luis Vázquez Escarpa creían que a este le habían hecho lo mismo. Hoy Del Pino y siete colaboradores suyos se sientan en el banquillo de la Audiencia de Toledo para ser juzgados por el secuestro y homicidio de Escarpa. Todos han llegado a una conformidad por lo que se enfrentan a penas mínimas: diez años y medio Del Pino y entre 4,6 y 5,3 el resto. El cadáver de José Luis no ha aparecido y ya parece imposible que se le encuentre después de cuatro años. El 7 de mayo de 2014 José Luis, dedicado a la compra venta de metales, acudió a una cita con la muerte en el polígono San Gil de Illescas (Toledo). Allí lo esperaba Del Pino y uno de sus hombres, Óscar López Quintas. Nada más llegar lo golpearon, lo metieron e una furgoneta y lo trasladaron al norte de Illescas. Alberto del Val, mano derecha del jefe de la banda, y Mario Belvis, que le hacía de chófer y chico para todo, esperaban cerca en un Audi, alquilado con documentos falsos y al que cambiaron las matrículas. José Luis Vázquez sobrevivió el tiempo justo para hacer las llamadas en las que consiguió el dinero que le pedían sus secuestradores: 80.000 euros. Su padre los llevó a la empresa RGH, de la que era cliente habitual, en el polígono Los Ángeles de Getafe. La contable, amiga de la banda, Beatriz García les proporcionó los datos necesarios para el secuestro, incluido el número de teléfono del empresario. A las 13.42 minutos, Mario Belvis recogió el dinero del rescate. Tres años de búsqueda Mientras lo hacía, Del Pino forcejeó con José Luis y el secuestrador le disparó con un arma de fuego no encontrada, según el escrito de acusación de la Fiscalía, y lo mató. «Tras dar muerte a José Luis y sin que conste que los restantes procesados tuvieran conocimiento de tales hechos, Del Pino procedió a hacer desaparecer el cuerpo del mismo, lanzándolo al río Tajo a la altura de un puente situado entre las localidades de Mocejón y Algodor», recoge el fiscal. Un año y medio después, los cuatro amigos ingresaron en prisión donde continúan. La UCO buscó el cuerpo del empresario sin resultado hasta que a finales de agosto de 2017 los abogados de la defensa y la acusación llegaron a un acuerdo con la jueza instructora y la Fiscalía. El pacto consistió en que el sanguinario Óscar del Pino, con un historial de antecedentes policiales que van desde los robos al homicidio pasando por amenazas y extorsiones, asumía el secuestro y asesinato de José Luis Vázquez y revelaba dónde estaba el cuerpo, a cambio de una sustancial rebaja de condena. Sus tres compinches, también ingresados en la prisión de Estremera, aceptaron el secuestro en sede judicial. Se había logrado la confesión de una banda al completo. Todos se comprometieron a ingresar en la cuenta del juzgado de Illescas los 80.000 euros que entregó el padre de la víctima. La versión que relató el cabecilla de la banda en sede judicial resulta increíble. Dijo que pegó un tiro a José Luis para defenderse y luego lo llevó solo al Tajo. «Ni siquiera sabe conducir, siempre llamaba a Mario para que lo llevara y trajera», argumentan fuentes de la investigación. El sumario, al que tuvo acceso ABC, recoge esos traslados con «chófer». Es casi imposible que el jefe condujera el cuerpo sin ayuda. Lo ató con una cadena Fuera del juzgado, explicó que tras matar al empresario lo envolvió en una manta, lo ató con una cadena y le colocó una pesa de unos veinte kilos. Esta versión parece la más probable. José Luis pesaba más de ochenta kilos, por lo que esa pesa lastró el cadáver solo momentáneamente. Desde entonces han transcurrido más de cuatro años. El Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil rastreó la zona del Tajo señalada sin hallar ni rastro. Del Pino y Del Val aportaron un croquis que se reveló inútil. Ambos fueron excarcelados en varias ocasiones para la búsqueda. Pese a que el cuerpo no se ha hallado, la banda ha logrado un acuerdo de conformidad y unas penas mínimas. No se les pide condena como organización criminal, algo que la juez instructora sí consideró durante toda la investigación. El propio fiscal explica que planificaron y ejecutaron otras actividades al margen de este procedimiento y que tenían un plan conjunto «conforme a las funciones repartidas entre ellos». No es la primera vez que Del Pino se libra de las acusaciones que lo cercan o consigue minimizarlas. Los investigadores de la UCO y de la Policía admitieron a ABC que es una banda «sanguinaria» que habría seguido actuando si no los detienen. A partir de hoy, serán juzgados.

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