«El miedo se marcha al ver el examen»

España (abc)

Julia Barros, María Torres, Cintia Lozano, Irene Fariña, Lara del Río, Sara Munín y Yolanda Picallo, todos ellos estudiantes de Bachillerato que se examinan estos días de la antigua selectividad, resoplaban y sonreían —quizá por la victoria en una batalla que consideraban más engorrosa— tras los dos primeros exámenes del día: «muchos nervios pero los exámenes fueron muy asequibles». Esta fue la tónica general del primer día de la Avaliación de Bacharelato para o Acceso á Universidade (ABAU), a la que los jóvenes llegaron asustados y somnolientos y se fueron, la gran mayoría, confiados y alegres al darse cuenta de que tan sólo es «un examen más». El segundo año de ABAU en Galicia registra 11.500 estudiantes matriculados y una serie de cambios. Quizá el más polémico y discutido ha sido el que obliga a los alumnos a llevar el pelo recogido y las orejas al descubierto. Esta medida no va encaminada a que los jóvenes escuchen mejor las respuestas que les dictan sus compañeros. Al revés, las nuevas tecnologías —pinganillos, teléfonos móviles, relojes inteligentes— preocupan a los examinadores, quienes quieren evitar los posibles «chivatazos». Los estudiantes estiman que esta nueva norma es «una tontería», como afirma Mónica González, o que «es exagerada y un poco drástica», como alegan Alba García y Rodrigo Pousal. Cualquier psicólogo que se precie debería acudir a la salida de los exámenes de selectividad. Allí encontrará todos los perfiles que el ser humano proyecta después de una situación de estrés. En la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, donde se reunieron alrededor de 10 institutos de varios concellos de La Coruña, estaba el perfil optimista, que al fin del primer día fue mayoría, como Alejandro Rodríguez, quien concluye que tras los primeros exámenes va a «seguir con la misma dinámica» y confía en que le «van a salir muy bien los que quedan». También se hallaban los pesimistas, en menor medida pero siempre presentes, que invocaron al famoso «yo mal» aunque acaben obteniendo, en muchas ocasiones, una nota alta. «Tomé una valeriana», revela Andrea Fontán a quien Josema Villar le contesta «yo un zumo de piña», esclareciendo de esta manera quien es el nervioso y quien el gracioso. «Selectivo, Selectivo, Selectivo...», así les metieron el miedo los docentes durante todo el año; pero les ha servido para llegar «bien preparados» y encontrarse con unos exámenes «fáciles», confirma la mayoría. El miedo se disipó al darse cuenta de que se saben las preguntas tras tanto estudio y «muy pocas horas de sueño». Los estudiantes no son ajenos a la actualidad. Sobre la posibilidad de que les manden repetir como en el caso extremeño, los jóvenes gallegos se muestran firmes: «Reclamaría hasta el último momento», dice David Couto. Otros como Mónica González se vuelven más timoratos: «Me da algo». En cuanto a su futuro profesional, las aspiraciones son múltiples y variadas: Medicina, Matemáticas, Farmacia, Economía, Química, Psicología... Sin embargo, todos coinciden en que las notas de corte son «altas». Ante esta situación regresan los bandos, los optimistas creen que «no tendrán problema» y los pesimistas ya buscan cobijo en «otras comunidades». Restan 2 días de pruebas y los alumnos las vieron como «un examen más» pero en realidad es un examen menos.
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