Diakhaby evita un terremoto

Últimas noticias | Diario AS Conrado Valle

Diakhaby evitó en el descuento la quinta derrota del Valencia y de paso que el Sevilla se colocara líder de la Liga. Aún así, pese a ese gol in extremis del central, Mestalla dedicó una bronca sonora a los suyos, que siguen lejos de donde debieran y a los que el gol de Sarabia había puesto contra las cuerdas. En verdad el reparto de puntos fue justo, aunque en el minuto en el que llegó pareciera más premio para unos y castigo para otros.

El partido fue de los que dan valor añadido a LaLiga. Bravo, tenso y no exento de calidad. El Valencia puso pundonor; el Sevilla, constancia, solvencia. Machín levantó un muro en Mestalla que ríete tú del de Juego de Tronos. Con Promes, Mercado, Kjaer, Gómez y Escudero en línea; con Banega, Sarabia y Vázquez por delante suyo. Por suerte para sus hijos los Reyes Magos llegan en nada, porque sus padres regalan poco. Y las pocas veces que los che pudieron llegar antes que cualquiera de ellos al remate, apareció Vaclik, sobre todo con dos paradas seguidas a Garay y Mina de las que dan y quitan puntos. Ni tan siquiera el gol de Diakhaby puede verse como error de la zaga, porque el francés entró con todo.

La estrategia de Machín hacía fuertes a los suyos atrás, aunque ofensivamente poco peligro crearon hasta el descanso. Y no se piensen que el Valencia, por más veces que se diera contra el muro, cejó en su empeño de hacer gol. Su pena es que a Guedes le faltaba esa chispa para irse por velocidad y que cada vez que Carlos Soler o Rodrigo querían encarar se veían en una encerrona. Los sevillistas ocupaban bien los espacios, siempre con superioridad por dentro y también por fuera, y por más que Coquelin y Parejo hicieran un máster de espeleología, con Wass y Gayà subiendo y bajando, la grieta en la zaga hispalense no aparecía.

Machín, tipo listo, se percató que Gayà defendía por él y por Guedes. Y tras el descanso, por ese lado, por el de Promes y Sarabia, fue por el que el Sevilla fue saliendo de la cueva. El partido ya no era el mismo. Al Valencia, todo sea dicho, le ha mirado un tuerto o le debe dinero a alguno, porque casi de la nada le hicieron el gol. Un mal remate de Ben Yedder acabó en los pies de Sarabia y éste no lo perdonó. El Sevilla tenía al Valencia donde quería y los de Marcelino, a la grada impaciente. Olía más que a la contra los hispalenses mandarían a la enfermería a los blanquinegros que a remontada y puerta grande para ellos.

Marcelino movió ficha pero no el tablero: defensa por defensa (por lesión de Gabriel Paulista), extremo por extremo, delantero por delantero. Banega lanzó un aviso que impactó en el palo, como también después se cruzó dicho elemento en el camino de Sarabia. El Sevilla no mataba el partido y acabó pagándolo. Mestalla guardaba silencio de velatorio, de esos en los que no se grita pero sí se cuchichea y rara vez para hablar bien de alguien. La bronca se dejaba para el final. Y quizás porque estuvieran predispuestos o simplemente porque haber si así espabilan los suyos, ni el gol de Diakhaby sobre la bocina evitó la pañolada. Pero sí la derrota del Valencia y el liderato del Sevilla.

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